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El secuestro del Santa María: un golpe terrorista naval contra la dictadura de Salazar.

Un grupo de opositores al régimen portugués se habían apoderado de un trasatlántico y entre los secuestradores figuraban también opositores españoles al régimen de Franco, por lo que el acontecimiento tuvo repercusiones directas.

El año 1961 comenzó con una noticia sensacional. Un grupo de opositores al régimen portugués se habían apoderado de un trasatlántico. Entre los secuestradores figuraban también opositores españoles al régimen de Franco, por lo que el acontecimiento tuvo repercusiones directas en las dos naciones de la Península Ibérica –aunque con mayor incidencia en Portugal–.

Estados Unidos –como potencia dominante– no tardaría en tomar cartas en el asunto. Un suceso que durante un par de semanas polarizó el interés del mundo entero.

Operación Dulcinea

En la madrugada del 22 de enero de 1961, el capitán Henrique Galvao, de 67 años, al frente de un grupo de 24 hombres: 12 portugueses, 11 españoles y un venezolano embarcados en La Guaira y Curazao daba la orden de asalto al trasatlántico Santa María cuando estaba en el mar Caribe rumbo a Miami, con 600 pasajeros y 370 tripulantes a bordo.

Ante el ataque, el tercer oficial del buque empuñó un revólver y se enfrentó a los secuestradores que le mataron e hirieron a otros dos miembros de la tripulación.

Ejecutaron la denominada «Operación Dulcinea», minuciosamente planeada en Venezuela por el autodenominado Directorio Revolucionario Ibérico de Liberación (DRIL), una organización que congregaba a exiliados políticos españoles y lusos, como el antifranquista Jorge de Sotomayor, suboficial de la Marina y veterano en el lado gubernamental de la Guerra Civil Española.

El secuestro había logrado su primer objetivo: atraer el interés de la opinión pública sobre las dos persistentes dictaduras de la Península Ibérica. El segundo y tercer objetivo pasaba por un ataque por sorpresa a la isla de Fernando Poo, entonces territorio español en África Ecuatorial, para municionarse y realizar un posterior desembarco en Angola para con el apoyo de las fuerzas rebeldes locales. Sobre todo en Benguela y en Lobito. Constituir en Ruanda, la capital angoleña, un gobierno hostil al régimen del presidente Oliveira Salazar dado que Henrique Galvao estaba convencido que podría derrocarlo a partir de África.

Tras el asalto durante un día, las comunicaciones del buque quedaron deliberadamente interrumpidas para evitar su localización. Se levantaron el día 23 por un cambio forzado de la ruta para desembarcar en Santa Lucía a un herido y a un enfermo graves. Se hizo público lo ocurrido, poniendo en riesgo las otras fases del plan, puesto que su viabilidad dependía del secreto en cuanto la posición y el destino de los rebeldes. Abolida la prohibición de enviar radiogramas, pasajeros y tripulantes pudieron comunicarse con sus respectivas familias.

Se movilizan los aliados de Portugal

Considerada la primera parcela libre del territorio portugués, el trasatlántico fue rebautizado por los secuestradores como Santa Liberdade, nombre que pasó ostentar en letras rojas sobre un letrero colocado en el castillo de proa. En Lisboa apenas sonaron las primeras señales de alarma se creó un gabinete de emergencia para gestionar la crisis. Lisboa no perdió el tiempo, apelando a sus aliados a través de las vías diplomáticas, denunciando el acto de piratería y conminándoles para que empeñasen sus propios medios, aeronavales en la búsqueda y detención del buque.

Consecuentemente, Estados Unidos ordenó zarpar de su base en Puerto Rico a dos destructores: los USSDD, el Wilson y el Damato. Así como a la fragata USS Hermitage, a los que luego se añadieron el submarino nuclear sea Wolf y dos destructores más provenientes de Costa de Marfil, así como varios aviones del Grupo de reconocimiento aéreo de la US Navy con base en Barbados.

En Londres, el almirantazgo envió a la zona de búsqueda a la fragata HMS Rothesay. Por el lado español, Franco instruyó a las fuerzas destacadas en Canarias y en Guinea Ecuatorial para coordinarse con las autoridades portuguesas, alistando al efecto al crucero Canarias. Por el contrario, Francia y Holanda declinaron intervenir.

Se trataba de una verdadera caza del pirata. Entretanto, en un radiomensaje enviado a Nueva York a las 13.38 horas del 24 de enero a través de la NBC, Galvao dio a conocer las razones políticas de su asalto hablando en nombre del Consejo Nacional independiente de Liberación, presidido por el General Humberto Delgado, presentándole como Presidente de la República Portuguesa. Afirmaba haber Secuestrado el barco para iniciar hostilidades contra el Gobierno de Salazar, al que calificaba de tiránico, pidiendo la vuelta a la democracia.

Finalmente, prometía desembarcar a los pasajeros en el primer puerto neutral que garantizase la seguridad de sus hombres y del navío en que navegaban. Las palabras de Galvao buscaban eco en la recién elegida Administración Kennedy, mientras Londres, por vía de las presiones de los diputados laboristas abandonó la persecución haciendo que regresara a su fragata.

Operación Galvánex

El trasatlántico Santa María fue localizado el día 25 por un Neptune de la Armada norteamericana a 700 millas náuticas de la localidad brasileña de Belém Do Pará. Instando el comandante de la aeronave, el teniente Daniel Krauss, a Galvao a desembarcar los rehenes en Puerto Rico, éste le dio a entender que el Santa María había puesto rumbo a Angola. Era una estrategia para ganar tiempo y que tomase posesión el 31 de enero el recién elegido Presidente de Brasil, Janio Quadros. Amigo personal y apoyo político de Galvao lo que le garantizaría el Estatuto de exiliado en Brasil.

Debido precisamente a los rumores que daban a Angola como destino más probable del trasatlántico, el Consejo Superior de Defensa Nacional, reunido el 26 de enero bajo la presidencia del propio Oliveira Salazar, mandó organizar con carácter urgente, una fuerza naval destinada a interceptar al Santa María en el área del Archipiélago de Cabo Verde. Para el mando de la operación –a la que se le atribuyó el nombre en clave de Galvánex– fue designado el almirante Laurindo dos Santos, su jefe adjunto del Estado Mayor de la Armada.

Esa misma noche, el capitán de navío Francisco Ferrer Caeiro, jefe del Estado Mayor de la primera región aérea, es informado por Joao Alburquerque Freitas, jefe del Estado Mayor de la Fuerza Aérea portuguesa; de que ha sido elegido para dirigir el componente aéreo de la Operación Galvánex. Queda de inmediato bajo las órdenes del contralmirante Dos Santos, en compañía del cual partirá esa misma noche hacia la ciudad de La Sal desde la base aérea de Montijo.

Conforme a lo previsto, en la madrugada del 27 de enero desde la misma despegan los primeros dos P2 V 5 Neptune de la escuadra de reconocimiento marítimo y lucha antisubmarina. El 28 le sigue otro avión y el 31, otro más. Si bien los preparativos llevados a cabo por los equipos de mantenimiento revelaron en Montijo que algo importante se estaba preparando.

Movilizados sin previo aviso

Lo cierto es que los militares envueltos en la Operación Galvánex se vieron movilizados al final de un día normal de trabajo, la mayoría partió con lo puesto y algunos objetos personales. También iban sin dinero, aunque la situación mejoró cuando próximos al aterrizaje fueron distribuidos algunos escudos como ayuda, según revela el capitán Eugenio Matos Ferreira.

Quienes vivían en las proximidades de la base pudieron hacer una maleta con ropa para algunos días: fue el caso del comandante José Pinto Soares Correia. En la época segundo jefe piloto al que se le encomendó una tarea muy especial con el segundo sargento Jacinto Pereira llevaban los códigos para los mensajes transmitidos. Al llegar al aeropuerto, se encontraron con la carencia de alojamientos que se agravó con las posteriores llegadas de más tripulaciones lusas y estadounidenses de aviones militaresNeptune, Skymaster y Super Constellation.

Los oficiales portugueses se vieron obligados a colocar los colchones en el bar del hotel, cediendo las habitaciones a los oficiales estadounidenses. También retiraron las butacas del aeropuerto. Por otro lado, las casas particulares de algunos funcionarios del aeropuerto abrieron sus puertas para alojar compatriotas

Competía a la Fuerza Aérea portuguesa durante la Operación Galvanex actuar en coordinación con los medios de la Marina portuguesa que habían enviado al área de Cabo Verde. En este contexto, tras una eventual localización del Santa María por los aviones, los buques serían conducidos hasta el mismo, procediendo a interceptarlo y a detenerlo. Si ello no fuera posible, los P2 V 5 harían uso de los cohetes que montaban.

Además, de la fragata Pedro Escobar, que ya había puesto proa al archipiélago cuando los primeros Neptune despegaban de Montijo, la Marina portuguesa disponía en la zona de otras dos fragatas, alistándose el mando naval de Angola para prevenir una hipotética tentativa de desembarco en Santo Tomé o en la costa angoleña. Utilizó la fragata Pacheco Pereira en defensa del litoral de Cabinda, mientras que el Patrullero San Vicente permanecía en Luanda pronto acudir donde fuera necesario.

A su vez, el patrullero Santo Tomé seguía en el archipiélago homónimo, donde previamente fuera situado el 28 de enero. Visto que era más aconsejable que el comandante Ferrer Caeiro. Cuando el Santa María fuese localizado volase a bordo de uno de los P2 5, asegurando así una coordinación superficie- aire con más eficaz. El aeropuerto La Sal, ahora bajo control absoluto de la Fuerza Aérea portuguesa a pesar de las protestas iniciales del director civil.

La seguridad física del centro la garantizaban pelotones de tropas paracaidistas que embarcaron antes del día 27 para prevenir una eventual insurrección en el archipiélago. Estos militares estaban acuartelados en una dependencia del aeropuerto, desde luego fue improvisado un puesto de Guardia y una prisión. El pañol de municiones se estableció en un barracón próximo, por lo que hace a la orgánica del Centro de Operaciones Aéreas. A Ferrer Caeiro le fue asignada la responsabilidad de las operaciones. Por su parte, el mayor Faria Blanc, Segundo en la jerarquía, asumió la disciplina y la logística en cuanto a la operativa de las aeronaves, recayó En el mayor Vihena.

La Administración Kennedy había empezado sus propias negociaciones a través del almirante Robert L. Dennison, comandante de la escuadra estadounidense del Atlántico, que temía una eventual orden de Salazar de atacar el barco en el que había pasajeros estadounidenses. El comandante Ferrer Caeiro había delineado una estrategia para impedir que el trasatlántico alcanzase Santo Tomé y sobre todo, Angola o cualquier país de la costa occidental de África.

Contemplando el envío de medios aéreos a Santo Tomé para establecer una barrera de 360 millas náuticas alrededor de la costa de Angola. Todo se detuvo cuando llegó desde Lisboa una comunicación del general Alburquerque de Freitas Informando que el Santa María iba a ser entregado pocas horas más tarde al Gobierno portugués. En realidad, el trasatlántico fue rendido por Galvao a las autoridades brasileñas, que algunos días después lo puso en manos de su legítimo propietario, la empresa Compañía Colonial de navegación.

Paralelamente a esto, el 4 y el 5 de febrero, nacionalistas angoleños lanzaron ataques a cárceles y comisarías de policía en un intento frustrado de liberar a los presos políticos, aprovechando la presencia en Luanda de periodistas extranjeros llegados allí con la esperanza de ver aparecer el Santa María en el horizonte. Este hecho no tuvo conexión con el secuestro, tratándose de una mera coincidencia. Unos días antes, el 2 de febrero, ya habían sido desembarcados en el puerto de Recife pasajeros y tripulantes del buque, bajo la atenta mirada de los destructores Wilson, Donato y Gearing.

Fue el corolario de las conversaciones mantenidas en la mañana del 31 de enero a bordo del Santa María. En aguas internacionales a 50 millas de la costa de Recife, entre Henrique Galvao y el contralmirante Allen Smith, en representación del Gobierno de los Estados Unidos, con el desenlace de la epopeya del transatlántico, la Operación Galvánex se aproximaba su término. A finales de la primera semana de febrero, la mayoría de los tripulantes destacados en la isla de La Sal ya estaban de regreso en la base de Montijo, con excepción de algunos retenidos por averías en un motor pero el 17 de febrero ya estaban todos en casa y Salazar seguía en el palacio presidencial de Lisboa.

mi ASTILLERO Mis años en Astillero 1947-1961 mi ASTILLERO

viernes, 2 de agosto de 2019

NAUFRAGIO BUQUE «ANGEL» el 12 enero 1977

(colección J.M. Blanquez)

En la prensa del 13 de enero de 1977, publicaban en las noticias informativas tanto de la radio como de la TVE, de que el mercante español «ANGEL» se había hundido cuando navegaba cerca de las costas italianas, siendo muy confusas las noticias que habían llegado en aquellos momentos, en lo que se refería a la suerte que podrían haber sufrido la tripulación.

La noticia pasó en los primeros momentos un tanto desapercibida, pues no se citaba puerto de matrícula, pero no para las familias santanderinas que pertenecían a la tripulación de este buque de matrícula de Santander.

Las noticias llegadas a la capital, eran conocidas a través de la casa armadora, la Naviera Astro, en cuyas oficinas a los pocos minutos ya se encontraban los familiares de los 13 santanderinos o residentes en esta provincia, que formaban parte de la dotación de 18 hombres.

Horas interminables fueron para los familiares que esperaban alguna noticia del «telex» que pudiera dar los nombres de los rescatados, empresa que se hizo difícil, puesto que se continuaban buscando después del rescate de los siete que en los primeros momentos fueron recogidos y cuyas noticias más precisas habían llegado a través de los teletipos.

La lista de los tripulantes del «ANGEL», 13 de los cuales, residían en Santander y eran:

Capitán, Julián San Bachiller, 28 años, de Santander; desaparecido; primer oficial, Jenaro Rodriguez Altonaga, 27 años, de Astillero, desaparecido; segundo oficial, José Antonio Vallejo Oria, 24 años, de Santander, desaparecido; jefe máquinas, Antonio Lobo San Martin, 50 años, de Santander, rescatado; primer maquinista, Manuel Urrea San José, 30 años, de Santander, desaparecido; segundo maquinista, Fidel Cavada Díez, 25 años, Pontejos, desaparecido; contramaestre, Enrique Perojo González, de 25 años, de San Vicente de la Barquera, rescatado; radio, Luis Alfonso Araci Goru, de 20 años, Santander, rescatado; camarero, Francisco González Garcia, 32 años, de San Vicente de la Barquera, rescatado; engrasador, Salvador López Ruiz, 33 años, de Suances, rescatado; mecánico, José Maria Segurola Trueba, de 35 años, de Santander, desaparecido; engrasador, Juan Bautista Vega Higuera, de 23 años, de San Pedro de Rudaguera, desaparecido; marinero, Manuel Alvarez Rubín, 52 años, de Santander, desaparecido; mayordomo, Manuel Blancas Naranjo, 32 años, de Reus, rescatado; marinero, José Manuel Creo Viñas, de 34 años, de Noya, desaparecido; engrasador, José Manuel Fernández Rodriguez, 32 años, de Noya, rescatado; marinero, Francisco López González, 28 años, de El Ferrol, desaparecido; engrasador, José Manjón Ameijeiras, 45 años, de Malpica (La Coruña).

El «ANGEL» gemelo del «Ave», ambos construidos en las gradas de Astillero del Atlántico, en el Promontorio de San Martin, fue botado el 20 de febrero del año 1976, por lo que estaba a punto de cumplir un año de vida, aunque de servicio muchos menos, puesto que había sido entregado a sus armadores en junio.

El «ANGEL» fue la construcción número 186 de los astilleros santanderinos y era de los denominados portacontenedores, siendo sus principales características 99,70 metros de eslora; 15,20 de manga; 8,30 de puntal; 6,50 de calado, pudiendo hacer 15,5 millas de velocidad y 3.312 toneladas de registro bruto.

En esos momentos la agencia «Efe» había facilitado ciertos detalles del naufragio y comunicando haber sido rescatado tres cadáveres, sin poder identificar.

La descripción de la tragedia de «Angel» se detallaba de la siguiente forma:

Cagliari (Cerdeña). El «Angel» con 18 tripulantes a bordo, naufrago ayer (12 de enero de 1977) de madrugada en el Mediterráneo, entre Cerdeña y Baleares, cuando trasladaba una carga de chatarra en hierro desde el puerto italiano de Piomoino, con destino a Polonia.

La odisea del «Angel», cuyo armador es el consignatario santanderino Angel Yllera, se inició poco después de la medianoche, al desplazarse violentamente la carga de sus bodegas a causa, al parecer, de las malas condiciones de la mar. El buque quedo inclinado en 35 grados y algunos de sus tripulantes cayeron al agua, según informó el capitán en dos sucesivas llamadas de socorro captadas por estaciones de radio marítimas de Puerto Torres y Cagliari. Minutos después realizó otro dramático llamamiento, indicando que existía peligro de naufragio.

En ese momento las comunicaciones quedaron cortadas. Rápidamente zarpó de Puerto Torres, el remolcador «Tenaze», y varios buques que habían captado los S.O.S. abandonaron sus rutas para dirigirse hacia el lugar donde se encontraba el barco español.

Asimismo, despegaron dos aviones italianos y otros tantos helicópteros para intervenir.

Al día siguiente, se confirmaban que de los dieciocho tripulantes, once habían sido rescatados y siete desaparecidos. Continuaban trabajando en la búsqueda de ellos a cargo de aviones, helicópteros y barcos que se encontraban en la zona.

Los 11 tripulaciones desaparecidos, las últimas noticias llegadas, era que tres cadáveres han sido llevados a Cagliari.

El maquinista Antonio Lobo San Martin a través de Radio Nacional, ofreció detalle sobre el naufragio. Este afirmaba que salieron de Pronvino (Italia), el día 10 cargados con railes, a las diez y media de la noche, con rumbo al puerto polaco de Gdansk. Estaba mal la mar, empeorando de forma progresiva, llegándose al día siguiente a las nueve y media de la mañana, a registrar olas de 7 y 8 metros de altura y viento de fuerza 8.

En uno de los golpes de mar, la carga se corrió, escorándose el barco de forma alarmante. Tras nuevos embates vimos que corríamos peligro, por lo que se lanzaron señales de socorro, mientras que por la parte de estribor se comenzó a bajar un bote al agua; en él subieron un camarero y el contramaestre, rompiéndose la amarra y desapareciendo ambos.

Antonio Lobo cuenta como él, con otros cinco compañeros, quedaron a babor sin que pudieran echar el bote al mar. Por fin, y aunque se dio vuelta lograron agarrarse a las bandas del mismo. Con el agua hasta la cintura permanecieron catorce horas, durante las cuales, incluso vieron un barco y que hicieron señales con una linterna. Pero no les vio, y ya, cuando era de día, escucharon ruidos de aviones, uno de los cuales, pasó primero sin avistarles, pero sí logró localizarles en un segundo intento. Este aparato fue el que lanzó bengalas para señalar la posición de los náufragos, siendo recogidos posteriormente por el buque de bandera francesa «Napoleón», que los trasladó a Marsella.

Antonio Lobo, al preguntársele sobre la suerte que habría podido correr sus compañeros, respondió «El barco dio una vuelta y dudo que quede alguno más con vida».

Los tripulantes rescatados del «Angel», fueron: Antonio Lobo San Martin, Luis Alfonso Aracil Goñi, Francisco González Garcia, Salvador López Ruiz, Enrique Perojo González, Miguel Blanca Naranjo, José Manuel Fernández Rodriguez.

A las ocho media de la tarde del día 13 enero, llegaron a Santander, seis de los siete supervivientes del buque. El séptimo, el cocinero, José Manuel Fernández Rodriguez, se quedó en Marsella, desde donde ha emprendido viaje, con otros miembros de la consignataria Yllera a Cagliari, donde tenía que desempeñar la ingrata tarea de identificar los tres cadáveres que fueron encontrados en la mar.

Los supervivientes del «Angel» llegaron a Marsella y desde allí partieron hacia el aeropuerto de Bilbao, en la tarde ayer, en un avión que se contrato especialmente para el caso la compañía armadora. El avión llegó a Bilbao, a las seis menos cuarto y en coche, siguió viaje hasta Santander.

El día 17 de enero, en la iglesia de los PP Carmelitas se celebró un funeral por los onces tripulantes del buque «Angel» que perecieron en el naufragio del mismo ocurrido entre Cerdeña y las Baleares.

Oficio la ceremonia el P. José Angel, carmelita. Ocupó un lugar en el Presbiterio, el obispo de la diócesis, monseñor, Juan Antonio del Val, acompañado de varios religiosos de la Orden Carmelita, asistiendo asimismo a la ceremonia el comandante de Marina, don José Luis Reyna de la Brena y el presidente de la Diputación, don Modesto Piñeiro.

El templo se encontraba totalmente abarrotado de fieles hasta el punto que fue imposible dar cabida a todos en el interior del mismo, teniendo que seguir la ceremonia desde la calle. Emotivas escenas de dolor se registraron en el transcurso del funeral a cargo de los familiares de las víctimas.

Asimismo asistieron a la ceremonia religiosa algunos de los supervivientes de este naufragio y que habían llegado ya a Santander en la noche del jueves pasado.

El día 21, se celebró una misa de campaña en la explanada situada junto a la Escuela de Náutica, por los que fueran sus compañeros, en memoria de las once víctimas del naufragio del mercante de matricula santanderina «ANGEL».

Fue oficiada por el párroco de Peñacastillo, Santiago Garcia Cuadrado. Hubo un gran gentío que quiso sumarse a la ceremonia religiosa y testimoniar al mismo tiempo su emocionado respecto a las familias de las víctima.

Muchos de los que allí acudieron, gentes del mar, vivieron el momento con la emoción que proporciona el recuerdo de unos compañeros que tan dramáticamente perdieron la vida.

Terminada la misa se rezó un responso por las víctimas, procediéndose seguidamente a la bendición de las coronas que a bordo del remolcador «Esguin» fueron llevadas por don Antonio Lobo San Miguel y don Enrique Perojo, dos de los que lograron salvarse en el naufragio, poniendo rumbo a alta mar, en donde se lanzaron al agua como homenaje póstumo. Al cortejo naval, que encabezaba el «Esguin» y en el que viajaban, asimismo, los familiares de las víctimas, acompañaban los también remolcadores «Uno», «Dos» y «Duende», así como gran número de embarcaciones de distinto tonelaje.

Un gran emotivo, para recordar a esos grandes héroes de la mar.

Este naufragio del mercante «ANGEL» dejo recuerdo importante en el pueblo de Astillero, al figurar entre los desaparecidos, dos personas queridas, Jenaro Rodriguez Altonaga, aunque residía en Santander, toda su familia, eran de Astillero y Fidel Cavada, de Pontejos.

«Portugalete»»Los hijos del Mar»»Portugalete»

Viernes 17 de mayo 2024

Se hablará de la denegación del Socorro de los pesqueros que no respondieron al Distress Alert?

Cinco horas a la deriva ?

Pudieron ser tres horas si el «pesquero salvador» hubiera picado su copo.

La tripulación del ‘Villa de Pitanxo’ estuvo cinco horas a la deriva en la balsa salvavidas.

De noche, a -17 grados y junto a cuatro fallecidos, Padín, Rial y Kwesi quedaron merced del mar hasta que llegó el ‘Playa Menduiña Dos’

Hasta 16 compañeros estaban dentro del barco | Nores pidió ayuda a otras armadoras

El teléfono sonó en la Cooperativa de Armadores de Vigo (ARVI). Al otro lado de la línea, Salvamento Marítimo avisaba de que se había perdido la comunicación con el Villa de Pitanxo, un arrastrero congelador de 50 metros que faenaba en aguas de NAFO, en Terranova. Fue antes de las nueve de la mañana, momento en el que se encendieron todas las alarmas en O Berbés.

La pesquera dueña del buque, Grupo Nores, que ya había sido alertada, también era incapaz de contactar con el puente del barco y empezaban a temerse lo peor. De hecho, llegaron a avisar a otras armadoras, como la canguesa Moradiña, para ver si podían movilizar sus buques en la zona y comprobar si se trataba de un fallo de la comunicación y, por lo tanto, de un error de la radiobaliza. En medio de la tensa espera, el Playa Menduiña Dos, que había sido avisado por Salvamento, llegó al lugar en el que se había recibido la última señal del barco de Marín.

En las inmediaciones localizaron dos balsas salvavidas. Eran las 10.37 horas en España cuando los peores presagios se confirmaron: el buque localizó a los tres únicos supervivientes de la tragedia que ha sacudido al sector pesquero gallego al dejar un total de nueve fallecidos y 12 desaparecidos. Juan Padín, Samuel Kwesi y Eduardo Rial aguantaron durante cinco horas en el mar, con una sensación térmica de -17 grados, entre olas de más de metros y vientos de 40 nudos. De noche. Con cuatro compañeros fallecidos a su lado.

El Villa de Pitanxo emitió dos señales, que fueron recibidas por el Centro Nacional de Coordinación de Salvamento Marítimo (CNCS) de Madrid a las 5.24 horas de la madrugada del martes en España, es decir, poco después de la media noche en Terranova. Fueron recepcionadas también por los guardacostas canadienses, que coordinaron el operativo.

Según fuentes del sector cercanas a la empresa, el hundimiento se produjo con virulencia y rapidez, “en minutos”. Sin embargo, la persona que estuviese en el puente en el momento del siniestro –no se ha podido confirmar quién– llegó a poder hacer una llamada automática de emergencia apretando el botón denominado distress, de color rojo, que se encuentra en el equipo de llamada selectiva digital de este tipo de barcos. Esa fue la primera señal que recibió Salvamento. La segunda, muy cercana en el tiempo, fue la emitida por una radiobaliza del barco, que se activó automáticamente al entrar en contacto con el mar.

Ni desde Madrid, ni desde Galicia ni desde el arrastrero de Moradiña lograron saber qué pasaba, ya que el buque de Marín ya había naufragado. En medio de la nada, a 250 millas náuticas de Terranova, de noche y en un mar congelado, los tripulantes estaban perdidos. Según pudo saber FARO, en la cubierta había ocho miembros de la tripulación. El Villa de Pitanxo estaba virando la red, una operación para la que esa dotación de cubierta era suficiente. El patrón y el primer oficial se encontraban, de acuerdo a las mismas fuentes, en el puente de mando. Los demás, hasta 14 miembros del equipo, dentro del barco. “A esa hora, y durante el virado de la red, él tenía que estar en su camarote, seguro”, apuntan desde el sector en referencia a Manuel Navarro, el biólogo canario que iba a bordo del pesquero como observador del IEO. Lo mismo refieren del cocinero, Fernando Santomé; del jefe de máquinas, Francisco de Pazo, o del alumno en prácticas Raúl González, que ejercía de marinero aunque había embarcado para completar su titulación de patrón. Todos ellos estaban dentro del Pitanxo.

Las balsas salvavidas se desplegaron como consecuencia del siniestro y a ellas pudieron llegar parte de los tripulantes. En uno de los caladeros más duros del mundo, con olas que superaban los cinco metros de altura y temperaturas que llegaron una sensación térmica de -17 grados, lucharon por su vida. Algunos de ellos llegaron a los inflables y, durante horas, a oscuras, quedaron a la espera de un milagro. El Playa Menduiña Dos, capitaneado por Ramón Otero, apareció a lo leLa zona es, además de inhóspita, profunda. El Villa de Pitanxo permanece sumergido a unos 1.000 metros de profundidad, lo que descarta cualquier opción de reflotamiento. El tonelaje de peso muerto (DWT o deadweight tonnage) es de 1.120 toneladas. El Senefand Uno, hundido en 2017 en aguas de Senegal, se hundió hasta un fondo de 600 metros.jos, entre el mal tiempo, con sus luces. Al divisar las balsas, se acercaron. A bordo, Juan Padín, Samuel Kwesi y Eduardo Rial mostraban síntomas de hipotermia. A su lado, cuatro compañeros más que habían fallecido.

Situación del buque

el operativo desplegado por los guardacostas canadienses,

La zona es, además de inhóspita, profunda. El Villa de Pitanxo permanece sumergido a unos 1.000 metros de profundidad, lo que descarta cualquier opción de reflotamiento. El tonelaje de peso muerto (DWT o deadweight tonnage) es de 1.120 toneladas. El Senefand Uno, hundido en 2017 en aguas de Senegal, se hundió hasta un fondo de 600 metros.

En aquella ocasión, aunque se llegó a barajar la posibilidad de enviar a la zona un buque oceanográfico –la radiobaliza no se activó y nunca se determinó el punto exacto del siniestro–, quedó finalmente descartada. La profundidad del lecho marino se averigua gracias a las sondas, un sistema hidroacústico que emite una señal de baja frecuencia; cuanto más tarda en retornar esa señal –el transductor es un emisor y receptor de sonido–, más profundo está el fondo.

Después de que Canadá decidiese suspender las labores de búsqueda de los 12 desaparecidos en la tarde del miércoles, los pesqueros lusos y españoles alargaron su operativo particular hasta que se quedaron sin luz. En ese momento, el pesquero que lleva a bordo a los tres supervivientes (Juan Padín, Samuel Kwasi y Eduardo Rial), además de seis cadáveres, puso “proa a tierra”.

El Playa Menduiña Dos, que inició rumbo hacia St John’s de Terranova con los tres supervivientes y un total de siete fallecidos. La estimación es que el pesquero llegue a puerto hoy alrededor de las 11.00 horas (hora española), según informó Salvamento.

El congelador França Morte, que había recuperado el cuerpo de uno de los marineros fallecidos, también se dirigió a tierra, aunque solo para hacer el trasbordo de ese cadáver al Playa Menduiña Dos. “No tiene sentido que vayan a puerto los dos a lo mismo”. El buque offshore Nexus, con bandera de Canadá, lleva los dos cuerpos restantes recuperados.

El papel clave de la Marina Mercante en Galicia.

El conselleiro de Cultura inaugura una nueva sala en el Museo do Mar dedicada al comercio e intercambio de productos marinos.

Mostrar una parte de la tradición y la cultura gallega que hasta la fecha no estaba representada en el Museo do Mar: la aportación de la Marina Mercante en Galicia a través del comercio y del intercambio de productos procedentes del mar. Es el espíritu de la exposición “Contra vento e marea. A Mariña Mercante en Galicia 1750-2000” que ayer fue inaugurada en Vigo en un acto enmarcado en el Día de los Museos y que constituyó la primera toma de contacto del nuevo conselleiro de Cultura, Lingua e Xuventude, José López Campos, con la ciudad olívica.

En la presentación de la muestra, el titular de Cultura ensalzó la “importante e fundamental” aportación al patrimonio cultural gallego que supuso la actividad de la Marina Mercante y puso en valor la apertura de este espacio temático en el museo vigués, “localizado nunha cidade tan estreitamente vencellada ao mar e a toda a industria e impacto económico que este xera”. Precisamente, esta nueva sala ofrece a los visitantes un recorrido a través de más de 100 piezas por la importancia que el tráfico y comercio marítimo supuso para el desarrollo en Vigo del sector pesquero, del naval y también del automovilístico.

No obstante, en su intervención, José López Campos quiso incidir sobre todo en la huella en el patrimonio cultural, tanto material como inmaterial, que la actividad de la Marina Mercante entrañó no solo para el entorno del litoral vigués, sino para todo el territorio gallego. En este sentido, el conselleiro de Cultura hizo referencia a esos viajes trasatlánticos o por diferentes puntos del planeta, gracias a los que la tripulación traía consigo de vuelta a casa nuevos artefactos, artesanía, tecnología y también palabras o costumbres que fueron extendiéndose y teniendo arraigo propio en nuestra comunidad.

Por este motivo, fue precisamente que el conselleiro celebró que la red museística de la Xunta de Galicia disponga de un espacio dedicado a la relevancia que en tan diversos y amplios ámbitos supuso para la comunidad gallega esta actividad comercial, “e moito máis que se estableza, como non podería ter sido doutro modo, no Museo do Mar de Galicia”, concluyó López Campos.

Fuente: www.farodevigo.es

El sindicalista insiste en que la “explotación del hombre por el hombre” continúa en los puertos gallegos: “Por el salario de un marinero gallego, contratan doce indonesios”.

Marineros indonesios en Galicia: jugarse la vida por 295 dólares

MANUEL VILAS / SANTIAGO DE COMPOSTELA

Una “marea” por 2.000 euros. Tres semanas de faena continúa en un bonitero barrido por las tempestades del Atlántico norte. A cambio, el doble de salario que en cualquier otra oferta asequible para un joven sin formación. Esta era la salida a la que se aferraban cientos de parados gallegos hace unos años. Hoy, la válvula de escape del Gran Sol ya no existe.

Ahora florecen las agencias de contratación que proporcionan marineros a los armadores gallegos. Son unos 1.600, en su mayoría indonesios que, según denuncian sindicatos y profesores universitarios, faenan explotados ante la pasividad del Estado y la Xunta.

La primera en ponerle nombre a los presuntos explotadores fue laConfederación Intersindical Galega (CIG). Xabier Aboi, su responsable en pesca, firmó una denuncia ante la Seguridad Social acompañada de las ofertas de dos agencias: Total Spain Quality ofrecía marineros indonesios por 400 dólares, rusos por 900 euros. El precio era “orientativo”, es decir, se podía negociar. Más baratos aún salían en Shipping Oriental Services (Shipopesca), 295 dólares por cada marinero indonesio. Eso sí, había que pagarles tres dólares por cada tonelada de pescado.

La denuncia es de hace dos años, pero la Administración no ha sancionado a ninguna de las dos agencias a pesar de ofertar trabajadores por debajo del salario mínimo. “Todo el mundo calló y miró para otro lado, la Xunta, la Fiscalía, el Ministerio de Trabajo, todo el mundo con competencias se escondió”, declara indignado Aboi a DIAGONAL. El sindicalista insiste en que la “explotación del hombre por el hombre” continúa en los puertos gallegos: “Por el salario de un marinero gallego, contratan doce indonesios”.

De sueldos paupérrimos también habla el profesor de la Universidad de Santiago de Compostela (USC), José Antonio Aldrey. Este geógrafo indica que las agencias pagan “muy poco, en torno a 500 euros al mes, menos de una tercera parte de lo que cobraría un marinero de aquí” a pesar de que los indonesios “son muy útiles para los armadores porque son personas con cualificación para faenar, hasta el punto que son las propias empresas las que los buscan en Indonesia”.

Contratos y control

La ausencia de investigaciones judiciales está relacionada además con el aislamiento de los marineros, muy remisos a denunciar. El profesor Aldrey los califica de “colectivo dócil” tras explicar que los armadores los tienen “bastante controlados” en pisos pagados por las agencias. Ademas, los propios emigrantes limitan su vida social al máximo para poder ahorrar. Durante los tres o cuatro años que permanecen en Galicia “a pesar de ganar algunos muy poco, en torno a 300 euros, consiguen mandar remesas de hasta cien euros al mes a sus familias, que aquí es poco dinero pero que allá supone un incentivo importante”. El experto explica que en la gran mayoría de casos “no se relacionan prácticamente nada con la población local”, “no tienen ningún tipo de identificación con Galicia, ni idea del idioma” y mientras piensan en retornar “viven casi como extraterrestres”.

En opinión de la CIG los medios de comunicación también contribuyen a la explotación. Aboi denuncia que “la prensa se esconde, a pesar de que publicamos los contratos que ofrecen las agencias, porque informar de esto significa tocar a grandes nombres de la pesca”. Muchos indonesios faenan para ABSA, sociedad de los armadores de Burela y una de las de mayor facturación de la provincia de Lugo.

Pago de indemnizaciones tras un naufragio o repatriación de cadáveres. Estos son los únicos temas que protagonizan en los grandes medios los marineros indonesios, carne de cañón en el sector con mayor mortalidad laboral de toda España. Xabier Aboi apunta a la existencia de verdaderas “mafias” que pretenden construir un muro de silencio. Así, el sindicalista apunta al caso de un armador de Ribeira (A Coruña) “presionado” por otros armadores, molestos porque este empresario, satisfecho con sus tripulantes, les ofrecía un sueldo digno.

Las empresas acusadas por la CIG (las citadas Total Spain Quality y Shipopesca junto a otras como Crewnova, Nautae Burela y Servixestion Burela) siempre han negado cualquier irregularidad. José Quelle, administrador de Shipopesca, sociedad radicada en Xove (Lugo), incluso amenazó a la Confederación Intersindical con una querella ante los tribunales por acusarlo de “traficar con carne humana”, demanda de la que nunca más se supo.

Lo cierto es que la actividad de estas empresas no es ilegal. En internet docenas de agencias indonesias ofertan tripulaciones a armadores de todo el mundo. Por ejemplo, Fosterindo presume de proveer tripulaciones “a un coste razonable” encargándose de todos los trámites, incluidos los certificados médicos para embarcar, pasaporte, “asistencia a los marineros desde el aeropuerto internacional de Yakarta” y “el rápido pago a las familias”.

“UNA SITUACIÓN LABORAL REGULADA NO EQUIVALE A SALARIOS DIGNOS”

M.V.

Con los también profesores de la Universidad de Santiago de Compostela (USC) Jesús González y Xosé Manuel Santos, José Antonio Aldrey es autor del estudio La emigración extranjera en Galicia. De él se desprende que todos los indonesios son marineros con experiencia, que salen de su país con un contrato debajo del brazo y a los que los empleadores les facilitan comida y alojamiento. En teoría, esto los convierte en unos privilegiados frente a la mayoría de los emigrantes que entran en España. Nada más lejos de la realidad. El estudio de la USC apunta que la mayoría cobra menos de 600 euros y que “llaman la atención los bajos salarios medios de los asiáticos cuando son un colectivo con una situación laboral mayoritariamente regulada (…) unas buenas condiciones de partida no redundan en un salario adecuado. Es más, esto probablemente les afecte negativamente, es un precio que deben pagar”. Es decir, mientras que algunos emigrantes tienen posibilidades de prosperar, los marineros están atados a unas condiciones pésimas durante todo su permiso de trabajo. Ante esta situación, el profesor Aldrey demanda a las administraciones asesoramiento a los emigrantes y sobre todo “un control más duro en el tema laboral; las condiciones laborales deben cumplir unos mínimos al margen de dónde sea la empresa o de si se trata de una Empresa de Trabajo Temporal que se queda con parte del salario”. Por su parte el sindicalista Aboy insiste en que ni Inspección de Trabajo ni la Fiscalía actúan en los buques con bandera española o en los pesqueros con bandera de conveniencia que son, a su juicio, “la verdadera selva, con salarios de 200 euros”. El representante de la CIG denuncia que el resultado es que en la mayoría de la flota de altura ya no hay trabajadores gallegos, salvo como capitanes o patrones de pesca.

Villa de Pitanxo.

Nos han silenciado !!!

Será por nuestra «sabiduría» ?

El naufragio del Pitanxo…que ha demostrado ?

Expertos de todos los pelajes han «aflorado de las alcantarillas».

Justicia…quieren justicia…dicen.

A estas alturas ?

Que pretenden ?

Acaso ocultar su desconocimiento y cobardía tras haber asumido centenares de muertes en la Mar con su recurrente silencio ?

Ahora resulta que un medio de comunicación asume la exclusividad del naufragio del Pitanxo y lo vende como «algo nuevo».

El esclavismo en la pesca, es algo nuevo ?

Por el amor de Dios…






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