La canción, Morriña, fue creada por un excelente y casi siempre malhumorado pianista, el maestro Eduardo Diehl, habitual acompañante de los participantes en el concurso Desfile de estrellas, de RNE, y el programa cara al público de Radio Juventud Fiesta en el aire, que presentaba el periodista Manuel de San Hernán (Manolo Hernández) y dirigía el también periodista deportivo Juan Guillín, y en el que echaron sus dientes como comunicadores José Antonio Martínez, Maruchi Guzmán o José Antonio Martínez, entre otros.

El socaire de esa Morriña que, en vinilo, todavía suena en el tocadiscos casero, uno ve pasar el tiempo de mar y, sin saber por qué, se encuentra con tres realidades: la incorporación de la mujer a un mundo reservado a los hombres (puente y máquinas, en la marina mercante), la desaparición del oficial radio y la incorporación de las cartas electrónicas de navegación (lo que significa la muerte de las tradicionales cartas náuticas de papel, una de las cuales cuelga en mi «cueva» y que es del Almirantazgo inglés: Spain-West Coast, Cabo Toriñana to Punta Carreiro, from spanish gobernement surveys of 1907-1908).

La integración de la mujer en puestos de mando de la Marina Mercante se efectuó con algunas reticencias superadas finalmente sin problemas; pero ha sido la mujer la que hizo la ciaboga para volver a puerto y esperar aquí lo que pudiera venir de la mar. Su presencia en las aulas de la Escuela Superior de la Marina Civil de A Coruña, por ejemplo, es evidente; pero no tiene correspondencia en el rol de los buques. Se quedan en tierra. Del mismo modo que en tierra se han quedado, bien que a la fuerza, los oficiales radio y en un momento en el que su presencia resulta indispensable en el puente debido a la tecnología incorporada y que hacen del radioelectrónico una figura indispensable (especialmente para descargo del capitán). Y se queda en tierra, para su venta como elemento decorativo, la carta náutica de papel. La sustituye la carta electrónica (Electronic Chart Display and Information System, Ecdis) que permite, entre otras cosas, fijar continuamente la posición del buque. Pero… ¿y si falla la Ecdis? ¿Será necesaria una reserva de cartas de papel para corregir en estas aquello que el Ecdis no permite, por lo que sea?

El maestro Diehl se fue del mismo modo que los oficiales radioelectrónicos, que la carta de papel, que la mujer de puente y máquinas, con un canto de morriña tras lo mucho conseguido.

Fuente:laopinioncoruna.es