«Me han recordado constantemente que hay gente que se da por ofendida con mi presencia, con las botas de pescar, por el simple hecho de ser joven, mujer y rubia»…

A sus 33 años, lanzando como lleva la caña desde los cinco, Marina Gibson creyó haber visto y escuchado de todo codeándose con los pescadores. Sus experiencias las narra con todo detalle en Cast, Catch, Release, la autobiografía publicada este año en la que describe la «la paz y el propósito» alcanzados practicando su deporte predilecto en ríos y lagos.

El libro puede leerse como una carta de amor a la naturaleza y al «rey de los peces», el salmón atlántico. Entre líneas se percibe sin embargo el aislamiento y la frustración que la ha acompañado toda su vida, rodeada de hombres que la miraban por encima del hombro y que la hicieron sentirse como pez fuera del agua con ataques de «misoginia blanda».

La notoriedad alcanzada por su autobiografía le dieron sin embargo a Marina valor para formular en voz alta un pensamiento que le lleva tiempo rondando la cabeza: «Ha llegado el momento en que el club de pesca más reconocido del Reino Unido admita finalmente a las mujeres».

Se refería en concreto al Flyfishers’ Club, fundado hace 140 años y con el mismísimo rey Carlos como patrón. Instalado en dos pisos sobre el elitista Savile Club, con sus lámparas de araña y sus estucos, comparte también la tradición tan típicamente londinense del «gentlemen-only» (las mujeres no pueden ser miembros de pleno derecho).

Marina Gibson lanzó el anzuelo la pasada primavera, cuando el vetusto Garrick Club puso fin al veto que duraba 200 años y permitió finalmente el ingreso a las mujeres. Pero cuando planteó abiertamente la cuestión a los miembros masculinos del Flyfishers’ Club, la respuesta no fue precisamente la que esperaba…

«Las objeciones que pusieron eran increíbles. Les preocupaba que las mujeres no vistieran ‘apropiadamente’ o que fueran ‘demasiado ruidosas’. Unos no entendían mi interés, otros me dijeron que creara mi propia organización para mujeres (…). Yo no quiero tener una organización solo para «pescadoras». Lo que pretendo es que nos traten como iguales».

«Hemos luchado duro»

«Me sorprendió que no tuvieran una mentalidad más abierta», reconoce Gibson a The Guardian. «Estamos hablando de uno de los clubes de pesca más reconocidos en el mundo. Es tan triste que siga reservado solo para hombres, cuando cada vez hay más mujeres que practican la pesca. Hemos luchado duro para para que sea un deporte más inclusivo».

El cantante, pescador y ecologista Feargal Sharkey se ha unido a la causa de Gibson y ha reconocido cómo el Flyfishers’ Club era conocido en su propia familia como «ese puñado de hombres viejos en su cobertizo». Phillipa Jake, conocida por sus vídeos en YouTube, ha recordado cómo la discriminación viene «de cuando los hombres se iban de pesca los fines de semana mientras las mujeres se quedaban haciendo las tareas en la casa».

Marina Gibson rememora cómo en su propia familia existió siempre una curiosa paridad y una sana rivalidad entre ella y su hermano, pescando en el río Oykel y en las frecuentes excursiones en las Tierras Altas de Escocia. Nacida en Londres, acabó atrapada durante años en las redes de la gran ciudad, pero cuando cumplió los 21 sus padres la regalaron un equipo completo de pesca y volvió a sentir la misma ilusión que en su infancia.

En 2019 creó la Northern Fishing School en North Yorkshire, y presume de tener casi el mismo número de alumnas y alumnos. Poco después fundó el Cancer and Pisces Trust, para promover el uso de terapéutico de la pesca para pacientes de cáncer. En su vertiente ecologista es miembro del River Action UK y «embajadora» de la protección del salmón.

«Mucha gente me pregunta: ‘¿y no hace falta mucha paciencia para dedicarse a la pesca?'», admite Marina Gibson. «Y yo les digo: hace falta paciencia para aprender, pero una vez dominas la técnica es como una apasionante aventura. Los beneficios mentales y físicos son tremendos. Todo es cuestión de concentrarse en un increíble entorno natural. No hay lugar para el aburrimiento. Cada vez hay más gente joven interesada: hay una gran comunidad on line«.

Fuente:elmundo.es