Una misión arqueológica en aguas profundas ha recuperado más de 900 objetos de dos barcos hundidos a 1.500 metros de profundidad, revelando nuevas claves sobre la Ruta Marítima de la Seda.

Recuperan más de 900 objetos de dos naufragios de la dinastía Ming en el fondo del mar de China Meridional. Recreación artística. Foto: ChatGPT-4o/Christian Pérez
La arqueología submarina ha vuelto a ofrecer una ventana al pasado, esta vez en uno de los rincones más profundos del mar de China Meridional. Allí, a más de 1.500 metros bajo la superficie, arqueólogos chinos han rescatado más de 900 piezas de dos pecios datados en la época de la dinastía Ming, en lo que ya se considera una de las investigaciones más ambiciosas jamás realizadas en aguas tan profundas.
Este proyecto, dirigido por la Administración Nacional del Patrimonio Cultural de China (NCHA) entre 2023 y 2024, ha combinado tecnología de vanguardia con el conocimiento histórico para recuperar porcelanas, cerámicas, monedas, maderas exóticas, astas de ciervo y conchas marinas, entre otros objetos. El hallazgo, anunciado oficialmente, es más que un tesoro arqueológico: es una nueva pieza en el rompecabezas del comercio asiático en la Edad Moderna.
Los dos barcos fueron hallados en 2022, a unos 93 kilómetros al sureste de la isla de Hainan y a tan solo 14 kilómetros uno del otro. Esta cercanía geográfica contrasta con la diferencia de funciones que parecen haber tenido. El primero, según los investigadores, transportaba principalmente porcelana para exportación, mientras que el segundo estaba cargado con productos naturales que sugieren una ruta de regreso a China, cargado desde el Índico o el sudeste asiático.
El pecio número 1 ha proporcionado más de 900 piezas rescatadas, aunque se estima que hay más de 10.000 artefactos aún en el lecho marino. Se cree que estos objetos provenían de los hornos de Jingdezhen, la famosa capital de la porcelana imperial china, reconocida por sus piezas de azul sobre blanco. Por su parte, el pecio número 2 ha ofrecido una carga muy distinta: maderas exóticas, astas de ciervo y conchas, materiales probablemente utilizados en medicina tradicional o para la elaboración de objetos decorativos y rituales.
Este patrón de intercambio confirma algo que los historiadores ya sospechaban, pero que hasta ahora no se había documentado con tanta precisión en aguas tan profundas: el carácter bidireccional del comercio marítimo chino durante la dinastía Ming. Uno de los barcos salía, el otro regresaba. Ambos formaban parte de la dinámica de la Ruta Marítima de la Seda, un entramado de conexiones comerciales que, ya en el siglo XVI, unía Asia oriental con el océano Índico y más allá.
Tecnología del siglo XXI al servicio del pasado
Lo que hace singular esta excavación no es solo su valor histórico, sino el contexto técnico en el que se ha desarrollado. A diferencia de otras investigaciones arqueológicas tradicionales, esta se ha llevado a cabo en condiciones extremas de profundidad y presión, lo que ha obligado a utilizar sumergibles tripulados y no tripulados equipados con cámaras de alta definición y escáneres láser 3D. La nave Shenhai Yongshi (Guerrero del Mar Profundo), uno de los submergibles chinos más avanzados, ha sido clave en las operaciones de extracción y documentación del sitio.
Gracias a esta tecnología, los arqueólogos no solo han podido recuperar piezas sin dañarlas, sino que también han logrado cartografiar digitalmente el entorno del naufragio, algo esencial para entender cómo se produjo el hundimiento y cómo se ha conservado la carga a lo largo de cinco siglos.
Los expertos coinciden en que este tipo de intervención marca un antes y un después para la arqueología subacuática en China, al situar al país en la vanguardia de las exploraciones en aguas profundas. Además, la conservación de las piezas —en especial las porcelanas, que han resistido intactas el paso del tiempo— ha sido descrita como excepcional, ofreciendo a los historiadores materiales de gran valor tanto estético como científico.
El contexto: la dinastía Ming y el auge de China como potencia marítima
La dinastía Ming, que gobernó China entre 1368 y 1644, fue un periodo de gran expansión territorial, demográfica y comercial. Durante estos siglos, la población del país se duplicó y se consolidaron rutas de intercambio que unían China con la India, Arabia, África oriental e incluso Europa. Este auge se tradujo en un incremento del comercio de porcelana, seda y té, productos que eran codiciados en los mercados extranjeros.
Algunos de los objetos hallados en los barcos han sido datados preliminarmente en el reinado del emperador Zhengde (1506-1521), aunque otros parecen remontarse a la era de su predecesor, Hongzhi (1488-1505). Esto sugiere que los barcos naufragaron en una etapa de intensas conexiones comerciales por mar, quizá durante una tormenta o un accidente desconocido que truncó sus viajes.
Este descubrimiento, por tanto, no es solo una colección de piezas bellamente decoradas. Es un testimonio directo de la importancia del mar en el imaginario, la economía y la política de la China imperial. Las rutas marítimas no solo transportaban bienes, sino también ideas, estilos artísticos y tecnologías que, siglos más tarde, aún se pueden rastrear en la cerámica, el urbanismo y las religiones del sudeste asiático.
Una arqueología que reescribe el mapa de la historia marítima
Que ambos barcos hayan sido hallados juntos no es casualidad. La hipótesis principal de los investigadores es que se trataba de una línea regular de ida y vuelta, probablemente con escalas en puertos como Malaca, Ceilán (actual Sri Lanka) o la India occidental. La organización de la carga —en uno de los barcos incluso se observaban maderas perfectamente apiladas, como si el naufragio hubiera ocurrido poco después de zarpar— refuerza la idea de una flota mercante organizada y recurrente.
Este patrón desmonta, o al menos matiza, la tradicional narrativa que ubica a China como una potencia volcada únicamente al continente. La arqueología está mostrando que, mucho antes del impulso marítimo europeo, China ya era protagonista de una red de intercambios marítimos de escala global. Y ahora, con cada inmersión y cada pieza recuperada, esa historia se va completando.
Más allá de su importancia científica, el hallazgo ha sido calificado por las autoridades chinas como un “descubrimiento de clase mundial”. No solo por la cantidad de objetos hallados, sino por lo que representan: una prueba tangible de cómo los pueblos del pasado se atrevieron a navegar, comerciar y conectar mundos a través de los océanos.
Fuente:muyinteresante.okdiario.com
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