Los restos de la infraestructura que unía la ciudad con India y el resto del mundo en 1873, todavía son visibles en una playa viguesa pese a no operar desde 1969
El historiador José Ramón Cabanelas guarda una sección original de una infraestructura que trajo consigo el fútbol o las telecomunicaciones y que ahora es objeto de choque entre China y Estados Unidos ahora
Los cables submarinos vuelven a marcar la geopolítica mundial. Como si de finales del siglo XIX o del periodo de entreguerras se tratase, los gobiernos y principales gigantes tecnológicos pugnan ahora por el control de una infraestructura «estratégica» en la era de los satélites. La misma de la cual aún hay resquicios en Vigo, donde desembarcó en 1873 y funcionó durante casi un siglo como motor de las telecomunicaciones y los avances de su tiempo.
La Eastern Telegraph Company llegaba a la península Ibérica gracias a este ramal que desembarcaba en la playa de las Baterías de O Berbés. A la pequeña oficina en la calle Real llegaban las noticias desde India, Malta o el otro lado del océano Atlántico, transmitiéndose desde la ciudad al resto de España por vía telegráfica. Hoy en día estas líneas casi invisibles transportan el 99% del tráfico de datos a nivel mundial, moviendo unos 10.000 millones de euros en transacciones cada día.
Durante las siguientes décadas sus trabajadores se integrarían en la vida de la ciudad. En junio de 1876 FARO recogía la primera referencia de la historia al fútbol en nuestro país. «Otra vez han vuelto a visitarnos los ingleses. ¡Son tan amables! Caminan como cuatro, pisan como seis y beben como cincuenta. Pescan, cazan, fuman, pintan y juegan a la pelota según su uso y manera»,señalaba el Decano de la prensa nacional sobre el germen del futuro Exiles Cable Club, que tomaba su nombre precisamente de los «exiliados» de esta compañía. Ya en el s. XX, los primeros árboles de Navidad en Vigo llegaban de la mano de sus homólogos del «Cable alemán», con quienes acostumbraban a jugar partidos en el malecón.
Uno de los pocos restos de aquel cable primigenio es guardado como oro en paño por José Ramón Cabanelas, miembro del Instituto de Estudios Vigueses y experto en la materia como autor del libro «Vía Vigo». «Una pieza de museo que completará el futuro museo de la ciudad», avanza ante su deseo pese a las ofertas que ha recibido por este segmento. Enmarcado dentro de un mapa que muestra la amplia red decimonónica de la empresa británica, éste es «abuelo» de los actuales de fibra óptica y «padre» de unos todavía visibles en Alcabre.
Tras el relleno de la actual zona de Portocultura, la «traída» del mismo se trasladó a la playa de O Carril, poco antes de Bouzas, donde estuvo operativo hasta el 31 de diciembre de 1969. Junto a él, los operarios ingleses y alemanes engalanaron una casa que servía de primer repetidor con los escudos de sus equipos favoritos. Desde ahí, seguían hacia Casa Bárcena, cuartel general de la firma.
Casi 70 años después estos restos perduran entre las rocas de esta silenciosa playa de la ciudad. Sin que ningún bañista sea consciente ni ninguna autoridad se haya preocupado por retirarlo, este viejo testigo de la historia viguesa y mundial vuelve a oír tambores de guerra.
Fuente:farodevigo.es
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