Onassis. Cuando escuchamos este nombre todos pensamos en lujo, opulencia y dinero, mucho dinero. Pero todo esto estuvo a punto de cambiar en el año 1955, y solo el bloqueo del canal de Suez del año siguiente lo salvó de la ruina y multiplicó su fortuna de la noche a la mañana.

A mediados de los años 50, el magnate griego adquirió una gran flota de grandes petroleros con los que planeaba transportar petróleo desde Arabia Saudita. Sus negociaciones con la monarquía del país árabe estaban en marcha cuando el gobierno de Estados Unidos se interpuso en su camino, ya que el acuerdo amenazaba el monopolio de la empresa estadounidense Aramco sobre el transporte del petróleo saudí. Cuando los barcos de la naviera griega aparecieron en los puertos de Arabia, no pudieron cargar ni una sola gota de petróleo. Estados Unidos bloqueó el cargamento de los barcos griegos, que quedaron amarrados sin uso en el mar Rojo. Cada día que pasaba sin que los barcos estuvieran en movimiento causaba grandes pérdidas a Onassis, quien incluso pensó en vender sus barcos a la empresa holandesa Royal Dutch Shell. Su fortuna menguaba día a día.

Muy cerca de allí, en Egipto, estaba a punto de desencadenarse toda una secuencia de acontecimientos que cambiarían el destino del griego. La presa de Asuán era el gran proyecto de Gamal Abdel Nasser como símbolo de la independencia de Egipto. Pero su financiación por parte del Banco Mundial dependía en gran medida de la participación en ella de norteamericanos y británicos. Pero la negativa de Egipto a unirse a la Organización del Tratado Central, la alianza militar de Oriente Medio para frenar la influencia soviética, acabó con cualquier posibilidad de recibir fondos del bloque capitalista. Necesitado de dinero, Nasser decidió nacionalizar el canal de Suez el 26 de julio de 1956, lo que supuso una gran fuente de ingresos para su país mediante el pago de los barcos que cruzaban el canal, pero también la indignación de Francia y del Reino Unido, los principales accionistas del canal y que perdían una gran cantidad de dinero con la maniobra egipcia.

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El 29 de octubre de 1956, Israel invadió la Franja de Gaza y la península del Sinaí. Una semana después, paracaidistas de Francia y Reino Unido cayeron sobre el canal de Suez con el pretexto de protegerlo, aunque estaban aliados con Israel desde el primer momento y lo que buscaban era forzar a Egipto a un alto el fuego que le obligara a devolverles el control del canal. Pero la respuesta de Nasser fue hundir cuarenta barcos en el canal, bloqueando completamente el tráfico marítimo a través del mismo. De repente, todos los barcos se veían obligados a rodear África por el cabo de Buena Esperanza para llegar al Atlántico, un escenario con los precios de los fletes disparados y donde contar con los petroleros más grandes era una gran ventaja. ¿Y quién tenía varios de estos grandes barcos varados sin nada que hacer? Exacto, Onassis. De la noche a la mañana, sus enormes petroleros comenzaron a transportar crudo desde Oriente. La demanda era tan alta que el griego podía poner el precio que quisiera. El flete de cuatro dólares por tonelada a través del canal se multiplicó quince veces bordeando África. Algunos de sus barcos incluso le proporcionaron ganancias netas de dos millones de dólares de la época en un solo viaje. En diciembre de 1956, la presión mundial y una resolución de las Naciones Unidas obligaron a las naciones invasoras a retirarse de Egipto. Cuando el canal volvió a abrirse al tráfico marítimo después de seis meses de cierre, Onassis había multiplicado su fortuna. Pero la reapertura del canal y la recesión económica mundial de los años 1957 y 1958 dejaron a los grandes buques petroleros del griego sin trabajo. Onassis necesitaba un lugar seguro y barato donde amarrar sus barcos hasta que les encontrara una nueva tarea. Y ese fue el puerto de Ferrol.

Hasta nueve de sus barcos quedaron varados en el muelle de la ciudad departamental. El Ariston fue el primero en llegar en enero de 1958, seguido del Aristófanes y el Olympic Rock en febrero. Posteriormente vinieron el Olympic Mariner, Olympic Star, Olympic Ice, Olympic Mountain, Olympic Snow y Artemision II. El Olympic Rock fue el primero en salir, ya en julio de ese año, pero los demás permanecieron en estado de semiabandono en la ría ferrolana durante cinco años y pasaron a formar parte de la vida cotidiana de los ferrolanos, que los conocían como «los Onassis».

Los cascos blancos y negros de los petroleros perdían su pintura y las letras de sus nombres se despegaban mientras esperaban un nuevo destino. Incluso hubo quien dijo que durante las noches, misteriosas cuadrillas de trabajo se encargaban de desmantelar lentamente a estos gigantes de la construcción naval. Pero en 1961 tres de ellos, el Ariston, el Aristófanes y el Olympic Mariner pasaron por chapa y pintura en el astillero de Astano antes de abandonar la ría, aunque al final sólo lo hicieron los dos primeros. Ya fuera para transformarse en graneleros o para afrontar el desguace, los barcos de Onassis abandonaron paulatinamente la ría de Ferrol. El Olympic Mariner y el Aristófanes fueron los dos últimos en abandonar la ciudad ya en mayo de 1963, poniendo así fin a la poco conocida historia de cuando el hombre más rico del mundo dejó nueve de sus barcos abandonados en un puerto gallego.

Fuente:vadebarcos.net