La tecnología basada en datos del Sistema de Identificación Automática (AIS) es una herramienta clave para el seguimiento y control de la actividad pesquera en el mar. Bien utilizada, mejora la vigilancia, pero no todo es como estas plataformas muestran ni como “expertos de escritorio” interpretan la información. Conocer sus limitaciones e imprecisiones resulta esencial.

Si se parte de un escenario inicial erróneo o de causales incorrectas respecto de una problemática, será poco probable arribar a una solución eficiente. Ello aplica perfectamente a la actividad delictiva en el mar y constituye un principio muy importante a tener en cuenta cuando un investigador se encuentra ante un escritorio y detrás de una pantalla de computadora, mirando y analizando la información que brindan estas plataformas de monitoreo.
Saber interpretar lo que éstas nos muestran, analizar y entender la calidad y pertinencia de la información, y procurar el contraste con la realidad es algo que requiere de expertise y capacidad de validación y contextualización. Algo que con frecuencia escasea, se subvalora o poco importa, fundamentalmente cuando lo que se quiere mostrar responde más a intereses que a la búsqueda de la verdad con el rigor científico necesario en una investigación.
Parafraseado a Francisco Blaha, especialista en temas pesqueros y experto en validar hipótesis y proporcionar filtros operativos a estos análisis de escritorio a distancia, “centrar la solución a los problemas en torno a la actividad pesquera en el mar en una sola herramienta, como el AIS, conlleva el riesgo de elevar excesivamente las expectativas sobre lo que esta tecnología puede ofrecer”.
Blaha afirma que, si se ajustan las hipótesis e indicadores que utilizan estas plataformas y, cuanto mejor sea la verificación sobre el terreno de la metodología empleada, más fiables serán los resultados y mejor la herramienta a utilizar, lo que aportará cifras más realistas sobre los problemas.
Vale la pena explorar el blog de Francisco Blaha, que cuenta con más de una década de existencia, donde se pueden encontrar sus aportes a la conservación y administración sustentable de las pesquerías, al monitoreo y control, al trabajo decente a bordo de los buques pesqueros y a la visión práctica – operativa de la actividad, esa que hace su óptica especial y diferente y, para mí en particular, más atractiva e interesante.
Las plataformas de monitoreo de actividades pesqueras no sólo muestran información actual e histórica respecto de la identificación y dinámica de los buques, sino que, además, dan cuenta de las presuntas actividades que éstos desarrollan (eventos), tales como pesca, transbordos, encuentros, navegación, fondeo, ingreso o salida de puertos, apagado de AIS y esfuerzo pesquero, entre otros.
Para eso emplean una metodología, indicadores, datos de entrenamiento y algoritmos que les permiten definir, en muchos casos con ayuda de inteligencia artificial, tales actividades. Es decir, su aporte al control e investigación es muy importante, pero no por ello es determinante para la comprensión de todo lo que realmente sucede en torno a la actividad, ni para abordar sin margen de error formas de crimen marítimo como la pesca ilegal.
No resulta determinante porque esa información que muestran debe no solo validarse sobre el terreno sino además contextualizarse a nivel local, y para eso se necesita un conocimiento real de la actividad y la consulta a sus principales actores. Es en este contexto donde aparece la figura de lo que algunos llaman “expertos de escritorio” y, con ellos, ese binomio plataforma-experto, que puede ser muy bueno, pero también puede resultar nefasto.
El resultado de la conjunción plataforma-experto dependerá en gran medida de la capacidad de este último para interpretar y contextualizar la información que obtiene de la plataforma, del conocimiento de las fuentes y algoritmos que ésta utiliza, del conocimiento y experiencia respecto de la actividad investigada y de la posibilidad de interactuar con los actores principales que puedan validar lo interpretado a partir de fuentes primarias.
Errores usualmente detectados en estos análisis “de escritorio”
Escasos investigadores validan sus suposiciones con los datos hidrometeorológicos correspondientes al evento que están analizando. Blaha señala que cualquier persona que haya pasado tiempo en un barco sabe que el “clima es el rey en el mar” y que lo que el barco podrá hacer dependerá de las condiciones del mar. No siempre que un barco mantiene casi la misma posición un par de días está cometiendo alguna actividad ilegal, ya que es muy posible que al superponer al AIS los datos hidrometeorológicos, se compruebe que en realidad está capeando con 50 nudos de viento y olas enormes, donde más que una actividad ilegal, solo está tratando de sobrevivir o asegurar las condiciones del buque y su tripulación.
Asociar directamente el ingreso a puerto de un buque pesquero o un buque frigorífico de apoyo a la pesca como un arribo para descargar capturas, sin considerar que también puede hacerlo para recibir cualquier otro tipo de servicios y prescindiendo de requerir información a las autoridades portuarias que confirme o descarte esa presunción. Por ejemplo, hay flotas como la china, que operan en la Milla 201, que transbordan sus productos en alta mar y prácticamente nunca los descargan en puerto.
Considerar el encuentro de un buque pesquero con otro o con un buque de carga como un transbordo de capturas, cuando hay muchas otras razones operativas para tener encuentros en el mar, como la provisión de víveres, carnada, combustible, repuestos, artes de pesca, cambios de tripulación y todo lo que se nos pueda ocurrir. Analizar la duración del encuentro puede ser de gran ayuda para identificar el motivo.
Induce a errores graves dar por sentados los límites que las plataformas de monitoreo presentan para los espacios marítimos de los Estados ribereños sin verificar que éstos se correspondan con los oficiales. La experiencia comparativa para varias Zonas Económicas Exclusivas (ZEEs) de América del Sur demuestra que los límites que emplean algunas de estas plataformas presentan divergencias respecto de los oficiales, lo que con frecuencia hace ver como maniobras de pesca ilegal lo que en realidad ocurre fuera de las aguas jurisdiccionales.
Esto sucedió durante años con los límites de Marine Regions que emplea Global Fishing Watch (GFW) para la ZEE de Argentina, extendiéndola en el área del Agujero Azul hasta 4,4 millas náuticas sobre alta mar. Esta divergencia existe también en el límite de la ZEE de Uruguay en su lateral con Brasil, sin corrección a la fecha.
Asociar inequívocamente a pesca ilegal el ingreso de un buque a un área en la cual no está autorizado a operar, sin analizar si su dinámica y el patrón de su derrota son compatibles con actividades de pesca para ese tipo de buque, no reconociendo así el derecho internacional de libre navegación que los asiste.
Otro problema detectado en estudios que cuentan arribos a puertos mediante AIS radica en que algoritmos mal entrenados pueden considerar cual si fueran nuevos arribos movimientos entre zonas de fondeo, de éstas a puerto y viceversa, aumentando exponencialmente su cantidad. Este problema ha podido observarse en estudios sobre arribos de cargueros de pescado al puerto de Montevideo.
Induce también a errores analizar aparentes maniobras de pesca a partir de posiciones de AIS sin tener en cuenta el tipo de buque. Ya que, según las artes de pesca que emplea una nave, será diferente la velocidad, el patrón de pesca, la profundidad y características de la zona de operaciones e incluso, en algunos casos, el momento del día en que la actividad ocurra para asociarlo con una actividad compatible con la pesca para ese tipo de buque.
Asociar directamente al apagado de AIS con una actividad ilegal sin considerar que no todos los buques pesqueros están obligados a llevar ese dispositivo o mantenerlo encendido por sus Estados de bandera, en quienes la normativa internacional delega esta exigencia, o que existen motivos de competencia comercial para hacerlo. A ello se suma el no tener en cuenta que muchos Estados costeros, como Argentina a través del Sistema Guardacostas, y diversas plataformas de control de actividades pesqueras poseen la capacidad de detectarlos a través de imágenes satelitales, de manera independiente a su emisión AIS.
Por último, algunos algoritmos de aprendizaje automático de estas plataformas infieren erróneamente como pesca actividades que para un experto no se corresponden a ese tipo de maniobras para un determinado arte de pesca. Dichos errores contribuyen a magnificar el esfuerzo pesquero.
En conclusión, el análisis de la información que brindan las plataformas de monitoreo de actividades pesqueras no debe ser realizado desconociendo el contexto.
Algunas tendencias que muestran los analistas, como por ejemplo cambios de puertos de servicios de las flotas de pesca en aguas distantes por controles más rigurosos o por el contrario más laxos, analizadas en contexto pueden deberse simplemente a variaciones anuales en los recursos de las pesquerías o a razones comerciales o logísticas, como sucedió con el colapso del Dique Tsakos en el puerto de Montevideo en diciembre de 2022, que obligó a buques pesqueros que operan en la Milla 201 a buscar inicialmente una alternativa para realizar reparaciones en puertos del sur de Brasil.
Con un buen uso, interpretación y contextualización de la información, la combinación de la información de estas plataformas y el trabajo de los expertos e investigadores para el seguimiento y control de las actividades pesqueras resulta de enorme utilidad. Pero si esta combinación no funciona, la distorsión respecto de lo que se produce en la realidad puede ser tal que perjudique la búsqueda de soluciones, sobre todo cuando dicha información es tomada por los niveles decisores.
Con este artículo no se pretende criticar a las plataformas de monitoreo ni el trabajo de los expertos o investigadores; por el contrario, se valora enormemente el aporte de información y trabajo. Simplemente se intenta dar cuenta de los riesgos que representa trabajar con esta tecnología fuera de contexto y sin el expertise necesario.
Fuente:revistapuerto.com.ar
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