El reciente episodio del petrolero ‘M/T Chariot Tide’, a la deriva frente a las costas españolas del estrecho de Gibraltar, vuelve a plantear una pregunta: ¿Entra combustible ruso a nuestro país a través de Marruecos?

La denominada darkfleet, o flota fantasma del petróleo ruso, es un oscuro entramado marítimo diseñado ad hoc para esquivar las sanciones internacionales impuestas a Rusia. Esta flota, que ya rondaría un millar de buques de muy diversa procedencia y antigüedad, se sirve de las páginas grises del derecho marítimo internacional para operar a babor y estribor de esa difusa línea denominada legalidad.

No crean que esto es algo nuevo, pues ya la operatividad del Prestige fue un Regreso al futuro de un fenómeno del que poco o nada se aprendió en su gestión, y cuya sombra se le ha vuelto a aparecer a España en el Estrecho de Gibraltar la semana pasada.

La madrugada del 22 de enero, el petrolero M/T Chariot Tide, bandera de Mozambique, por aclarar, y en la lista negra de las sanciones de la Unión Europea y Reino Unido, se quedaba sin gobierno al noroeste de Tánger, a unas 2,5 millas de Punta Malabata. Todo, en medio de un temporal de mar y viento. El buque procedía de Ust-Luga, Rusia, con unos 400.000 barriles de combustible para ser descargados en Tánger. ¿Entra combustible ruso a España vía Marruecos con La Roca de bypass fiscal? Menuda pregunta.

Pero volvamos al escenario. La ecuación buque en mal estado, temporal y Estado sin medios marítimos suele acabar en marea negra. Marruecos no cuenta con una agencia de seguridad marítima como sí tiene España, motivo por el que, tarde, debió movilizar cuatro pequeños remolcadores de puerto para sujetar la deriva del buque que, con un fondeo fallido y garreando, se iba a las piedras. El petrolero llegó a estar a 1,3 millas de los bajíos de Punta Malabata. Sólo la actuación de España con un remolcador de altura evitó un accidente.

No deja de ser cierto que el M/T Chariot Tide transportaba productos ligeros y no crudo o fuel pesado, por lo que el impacto medioambiental habría sido menor. La lectura de fondo es que desde 2010 Marruecos monitoriza la vía de tráfico sur del TSS (Traffic Separation Scheme) del Estrecho de Gibraltar, pero no tiene medios para solventar, con eficacia, un episodio de buque a la deriva en su área de responsabilidad SAR (Search & Rescue). Cosas de la política de buena vecindad y cesiones variopintas.

La colaboración interestatal y que el B/S Clara Campoamor sea una «bestia parda» en capacidad de remolque evitaron el naufragio. El viejo petrolero acabó siendo remolcado hasta aguas abrigadas al este de Ceuta para intentar una reparación de fortuna. Y aquí es donde empiezan las cuestiones incómodas a las que, bajo la política del avestruz, nadie responderá.

Una agencia de seguridad marítima estatal, caso de Salvamento Marítimo, grosso modo no realiza remolques comerciales. El armador del buque, escondido tras un entramado de empresas pantalla en paraísos fiscales, debió gestionar un remolque comercial, lo que en el negocio se denomina salvage. ¿Pero qué empresa privada de salvage va a firmar un contrato de salvamento con un buque cuyo armador no se conoce?; ¿o con un buque en las listas negras internacionales que el pasado año navegó seis meses sin bandera y armador desconocido? Esta parece ser la clave de bóveda de por qué el buque se ha convertido en un petrolero zombi al que nadie quiere prestar asistencia salvo España.

¿Ha hecho bien España actuando? Rotundamente sí. Una contaminación en el Estrecho podría afectar a ambas orillas y España, a diferencia de Marruecos, es un país garantista en la mar con una excelente agencia de seguridad marítima. La actuación técnica de España es de manual; otra cosa es la política y terceras consideraciones relacionadas con las sanciones a la flota fantasma.

¿Y el combustible ruso que iba para Tánger? Eso lo dejamos para el final. La otra opción es que el petrolero hubiera emitido una señal de socorro, un distress. En este caso, España, como signataria del convenio internacional SAR79, le habría prestado asistencia. Eufemismo de hacer firme un remolque y llevar el buque a un puerto español, donde barco y carga habrían quedado apresados por figurar en la lista negra de las sanciones a Rusia. Una patata caliente para un sistema jurídico habituado a pantojas y vertederos políticos pero no a vistas marítimas.

Si alguien sabe de derecho marítimo internacional, son los armadores. El manager comercial del buque, representando al misterioso dueño del activo flotante, salvo riesgo de hundimiento no pediría ser remolcado a España pues era bien sabedor de la consecuencia inmediata. ¿Entonces? Sin remolque comercial y sin aceptar ser remolcado a España, sólo quedaba la opción de una reparación de fortuna en aguas internacionales, o proceder a la orilla sur del Mediterráneo, donde este tipo de buques no tiene problema para arribar. Sí, la costa meridional mediterránea es el borde exterior. Un far west marítimo donde no hay sobre con billetes de cien ‘pavos’ que todo lo solucione.

El buque logró solventar la avería la noche del 29 de enero, pues emprendió rumbo hacia el este, inicialmente a Mersin, Turquía, pero parece que su destino final será Port Said, Egipto. Lugares en los que nadie se pondrá con exquisiteces administrativas. España retiró sus remolcadores de altura y alguien en Madrid debió de respirar tranquilo, pues el episodio y sus derivadas potenciales habrían sido más tensos de lo que pueda parecer. Mientras, la prensa marítima internacional señalaba a España, retratando el pastoreo del buque zombi por el Mediterráneo en vez de apresarlo, como hace unos días hizo la marina gala con el también petrolero fantasma M/T Grinch, con bandera falsa de Comoras.

¿Y la gasolina rusa que iba para Tánger? Lo cierto es que las gabarras de búnker (suministro de combustible) que procedían de Gibraltar, en lastre, despachadas para el puerto marroquí, permanecían esperando mientras veían cómo el petrolero fantasma averiado pasaba de largo con cinco remolcadores de costaleros en la procesión de la madrugá darkfleet.

España es uno de los países europeos más expuestos al fenómeno darkfleet. Lo es en el corredor de tráfico de la costa gallega, litoral con una hermosa hemeroteca de chapapote y petroleros abriendo el telediario; lo es en el Estrecho de Gibraltar y, puntualmente, en Canarias. Lo cierto es que la Administración parece no conceder a esta realidad la importancia que merece. La lista de petroleros darkfleet a la deriva en aguas circundantes a Canarias es larga, como la falta de vuelos regulares de patrulla marítima, o un control activo de la ZEE (Zona Económica Exclusiva) para enviar al exterior un mensaje de presencia en tus aguas de interés.

Un día el lobo vendrá de verdad. Entonces saldrán a flote las preguntas incómodas. ¿Qué hacía ese buque ahí sin control? Un accidente medioambiental, una marea negra en una costa turística sería una cornada económica que aún no se ha valorado, o lo que es peor, no se quiere valorar. Sí, la darkfleet es la espada de Damocles del turismo de playa.

Si el episodio del buque a la deriva que hemos descrito hubiera acontecido con un tanker de 250 metros de eslora y cerca de un millón de barriles de crudo, ¿habría habido tiempo y medios inmediatos para sujetar al leviatán? ¿O su panza de acero se habría descosido bajo los bajíos y el chapapote habría vuelto a las noticias?

La derivada inmediata es que encontrar al armador del buque para hacer efectiva la máxima de «quien contamina paga» sería muy complicado, por no decir administrativamente imposible. El owner, escondido tras sociedades pantallas, saldría indemne y España no cobraría un dólar del armador en concepto de indemnización por polución marítima. ¿Les suena a Prestige? Las lecciones no aprendidas de un país abierto al mar pero de pensamiento mesetario.

El incidente del M/T Chariot Tide, ya al norte de Túnez navegando a la pata coja, sólo ha sido un susto; que un desastre medioambiental acontezca es mera cuestión de tiempo y un poco de mala suerte. Solo resta saber el Estado ribereño al que le tocará recoger el chapapote mientras los políticos se lo tiran entre ellos.

Fuente:elmundo.es